Empieza por el problema que quieres resolver
Una apariencia antigua no demuestra que toda la web deba sustituirse. Primero identifica qué impide entender la oferta, encontrar las páginas o contactar. Un rediseño completo también implica contenido, migración y revisión de direcciones: conviene justificar ese esfuerzo.
Cuándo suele tener sentido optimizar
Si la estructura permite añadir contenido, el sistema se mantiene y las funciones principales funcionan, puedes priorizar textos, navegación, rendimiento y formularios. Conserva las páginas que ya reciben tráfico y comprueba su comportamiento antes de cambiar direcciones.
Cuándo valorar una nueva base
Considera una reconstrucción si el sistema no puede mantenerse, impide cambios esenciales o acumula dependencias que bloquean el proyecto. Separa limitaciones reales de preferencias visuales. Aclara qué integraciones, idiomas y procesos deberá soportar la nueva web.
Qué revisar antes de decidir
Haz un inventario de páginas, consultas y contactos, además de una prueba móvil. Identifica accesos, titularidad de dominio, contenidos y herramientas. Pide un alcance que distinga tareas imprescindibles, mejoras opcionales, costes externos y mantenimiento.
Si cambias de web, protege la continuidad
Prepara la correspondencia entre direcciones antiguas y nuevas. Redirige únicamente a equivalentes relevantes, conserva contenidos útiles y revisa enlaces, sitemap, canonical, idiomas y formularios antes de lanzar. Guarda una copia recuperable y comprueba después las páginas de entrada. Un cambio visual por sí solo no garantiza más tráfico ni ventas.

